Boda de Isa & Ramón

Una boda cargada de simbolismo. Tuvimos nuestra primera reunión con Isa en Madrid. Se iba en pocos días a Alemania a montar su nueva casa, en Pforzheim, una ciudad situada al norte de la Selva Negra, conocida como la ciudad del oro por ser el enclave de la industria de joyas y relojes en Alemania.

Teníamos como primer objetivo encontrar el lugar donde se celebraría un banquete íntimo después de la ceremonia civil, y la finca donde compartirían su boda con todos los invitados, al día siguiente. Plazo marcado, 4 meses. La comunicación con los novios la manteníamos por e-mail y por Skype, reuniéndonos algunas noches para presentarles las propuestas y aclarar dudas. Una vez elegida la finca, una hermosa vaquería reformada con mucho gusto y con muchas posibilidades,

se decantaron por las propuestas del catering TenCook, con el que quedaron encantados. Para que os hagáis una idea, los invitados quedaron muy sorprendidos con las cazuelitas de risotto de boletus, las albóndigas de secreto con salsa al curry, las tostas de foie con manzana y coulis de albaricoque, y muchos otros platos de los que no sobró nada.

Como colofón, un variado de postres de limón, mascarpone con frambuesa, fruta de la pasión y mango, y unos deliciosos macarons.

La temática para buscar el matiz de la decoración nos la dio el viaje de los novios, que eligieron Japón como maravilloso destino. Para los que no hayáis estado allí, comentaros que es un paraíso sensorial donde cada textura, cada detalle, sabor y color no te dejan indiferente. Es un mundo de contraste que se mueve entre la modernidad y la tradición, la velocidad y la calma, pero el amor de los japoneses por su cultura y por cada cosa que les rodea se muestra tan al detalle que si nos tuviéramos que decantar por dos adjetivos que lo definan, tendríamos que decir que es un país simbólico y meticuloso. A partir de aquí comenzamos a desmenuzar los detalles de la boda de Ramón e Isa.

Como el espacio era propicio para ello, les propusimos poner una barra de Sushi elaborado en directo por el experto chef japonés de Daisuki. La sorpresa resultó un éxito para los invitados y para los novios. Ramón es, además, un apasionado de la cultura japonesa y lo disfrutó mucho.

Al lado de la barra preparamos una mesa de quesos sobre una cama de focaccias, panecillos de pipas y cebolla, uvas y hojas de romero. La selección, elaborada por Mumumío, fue espectacular: queso suizo Tetê de Moine con su girolle, queso asturiano Afueg’al Pitu blanco y rojo, un delicioso Parmesano con mucho cuerpo, Caserinos ahumados, el famoso Gamonedo, intenso y ligeramente picante y un delicioso Laperal.

Para ese toque dulce que tan bien acompaña al sabor del queso, pusimos una variedad muy original de mermeladas de El Jardín del Convento.

En el exterior pusimos mesas con manteles negros, sillas blancas, y sombrillas y manzanas rojas. Un efecto de color muy japonés. Así rompíamos con el entorno rústico. El por qué de las manzanas, lo desvelaremos más adelante. Encima de las mesas muchas velitas para conseguir un efecto muy especial.

El recibimiento de los invitados fue en esa terraza, con una copa de champagne D.H.Mumm, un cortador de jamón y un increíble atardecer esbozado con la luz del sol escondiéndose tras el manto de encinas, enebros, alcornoques y pinos que abrazan todo el entorno hasta donde se confunde el horizonte de la sierra de Guadarrama.

Los novios querían poner mesas y sillas para que la gente pudiera sentarse donde quisiera y lograr así un clima desenfadado donde todos tuvieran la oportunidad de interactuar con distintos grupos. Compusimos el espacio distribuyendo dos mesas corridas a lo largo de la nave.

A un lado tenían la barra de Sushi y al otro, la de copas. Los colores para el interior eran muy neutros. Un blanco sobrio predominante, con pinceladas de grises y azules. El toque de color lo ponía el amarillo de las espigas y las sombrillas colgadas del techo, con la misma tonalidad. Como la cena iba a ser tipo cocktail y la situación de los invitados aleatoria, decidimos colocar algún elemento simbólico sobre las mesas que sustituyera los platos y los cubiertos. Y tenía que ser de color rojo.

¿Por qué las manzanas? En Japón regalar fruta tiene un significado especial, ya que representa el deseo de buena salud para quien lo recibe por sus propiedades, entendiendo que es un país donde la base de la alimentación es el arroz. Incluso en algunas regiones niponas, como en Nagano, es tradición comprar manzanas para regalar a los amigos y las visitas. Así que ¿por qué no sembrar las mesas de buenos propósitos? Así lo hicimos. Cada manzana estaba etiquetada con una cita en japonés y su traducción:

Fue una forma estupenda de compartir el viaje de novios con sus seres queridos. También pusieron unas postales con imágenes de ciudades y motivos japoneses para que los invitados les escribieran unas palabras de recuerdo. Isa nos reconoció que no pudieron resistirse a leerlas la misma noche de la boda.

Su amiga Almu protagonizó uno de los momentos más especiales de la velada, leyendo a los novios unas palabras que seguro quedarán en el recuerdo de todos los presentes, que formaron un círculo alrededor de los novios para compartir ese momento tan auténtico.

 

El ambiente estaba impregnado de aroma de lavanda e higo. La música fue cuidadosamente seleccionada por los novios, quienes disfrutaron junto a todos los invitados del increíble prisma de color y sonido que  logró despertar el entusiasmo de todos, de la mano de +Music. Ni que decir tiene que las sombrillas que regalaron los novios como recuerdo, dieron mucho juego al baile.

 

La semana pasada volvieron nuestros novios de su luna de miel, según nos comentaban, aturdidos con tantísima experiencia sensorial que esperaban poder digerir a medida que comenzasen a vivir su día a día en Alemania. Nos trajeron dos recuerdos muy especiales. El primero, una postal del templo Tohdai-ji de Nara, que es precisamente de donde parte nuestra historia. Lo que versa la postal, lo guardamos en el corazón.

El segundo, unos muñequitos con un carácter simbólico muy entrañable. Velan por nuestros deseos. Si les pintamos un ojo y pedimos un deseo, el muñeco se esfuerza por cumplirlo para que le pintes el otro ojo. ¿No es maravilloso?

¿Hay algo tan puro como el deseo de suerte? El primero de los deseos ya se cumplió con vosotros el 13 y 14 de septiembre. Así que pintaremos un ojo y cerraremos con fuerza el otro para pedir un deseo, que seáis muy felices en la tierra del oro, que es de lo que se componen vuestros corazones.

 

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